Capítulo Cuatro
El conocimiento trascendental
Verso 9
janma karma ca me divyam
evam yo vetti tattvatah
tyaktva deha/m punar janma
naiti mam eti so 'rjuna
janma—nacimiento; karma—trabajo; ca—también; me—Míos; divyam—trascendentales;
evam—de esta manera; yah—todo aquel que; vetti—conozca;
tattvatah—en realidad; tyaktva—dejando a un lado; deham—este
cuerpo; punah—de nuevo; janma—nacimiento; na—jamás; eti—alcanza;
mam—a Mí; eti—alcanza; sah—él; arjuna—¡oh, Arjuna!
TRADUCCIÓN
¡Oh, Arjuna!, aquel que conoce la naturaleza trascendental de Mi
aparición y actividades, al abandonar este cuerpo no vuelve a
nacer de nuevo en este mundo material, sino que alcanza Mi
morada eterna.
SIGNIFICADO
El descenso del Señor desde su morada trascendental ya se
explicó en el verso seis. Aquel que puede entender la verdad de
la aparición de la Personalidad de Dios ya está liberado del
cautiverio material, y, por ende, regresa al Reino de Dios
inmediatamente después de dejar el presente cuerpo material. Que
la entidad viviente se libere del cautiverio material no es
fácil en absoluto. Los impersonalistas y los yogis logran la
liberación, únicamente después de muchas dificultades y
muchísimos nacimientos. Incluso entonces, la liberación que
logran —el fundirse en el brahmajyoti impersonal del Señor— es
únicamente parcial, y existe el riesgo de regresar a este mundo
material. Pero el devoto, por el simple hecho de entender la
naturaleza trascendental del cuerpo y las actividades del Señor,
alcanza la morada del Señor después de terminar con este cuerpo,
y no corre el riesgo de regresar a este mundo material. En El
Brahma-samhita (5.33) se afirma que el Señor tiene muchísimas
formas y encarnaciones: advaitam acyutam anadim ananta-rupam.
Aunque existen muchas formas trascendentales del Señor, aun así
son la misma y única Suprema Personalidad de Dios. Uno tiene que
entender este hecho con convicción, aunque a los eruditos
mundanos y filósofos empíricos les resulte incomprensible. Como
se dice en los Vedas (El Purusa-bodhini Upanisad):
eko devo nitya-lilanurakto
bhakta-vyapi hrdy antaratma
"Con muchísimas formas trascendentales, la única Suprema
Personalidad de Dios está eternamente activa, en relaciones con
Sus devotos puros". Esta declaración védica la confirma el Señor
personalmente en este verso del Gita. Todo aquel que acepte esta
verdad —al amparo de la autoridad de los Vedas y de la Suprema
Personalidad de Dios— y que no pierda el tiempo en
especulaciones filosóficas, alcanza la etapa más elevada y
perfecta de la liberación. Por el simple hecho de aceptar esta
verdad en base a la fe, uno puede lograr la liberación sin
ninguna duda. La versión védica tat tvam asi se aplica de hecho
en este caso. Cualquiera que entienda que el Señor Krsna es el
Supremo, o que le dice al Señor: "Tú eres el Brahman Supremo, la
Personalidad de Dios", es seguro que se libera instantáneamente
y, en consecuencia, su participación de la asociación
trascendental del Señor queda garantizada. En otras palabras, un
devoto del Señor que sea así de fiel logra la perfección, y eso
lo confirma la siguiente aseveración védica:
tam eva viditvati-mrtyum eti
nanyah pantha vidyate ‘yanaya
"Uno puede lograr la etapa perfecta de liberarse del nacimiento
y la muerte, por el simple hecho de conocer al Señor, la Suprema
Personalidad de Dios, y no hay otra manera de lograr esa
perfección" (El Svetasvatara Upanisad 3.8). Que no haya ningún
otro recurso significa que cualquiera que no entienda que el
Señor Krsna es la Suprema Personalidad de Dios, es seguro que se
halla sumido en la modalidad de la ignorancia y, por ende, no
logrará la salvación por el simple hecho de —digámoslo así—
lamer la botella de miel por fuera, o interpretar El Bhagavad-
gita según la erudición mundana. Esos filósofos empíricos puede
que asuman papeles muy importantes en el mundo material, pero no
se vuelven necesariamente merecedores de la liberación.
Semejantes eruditos engreídos tienen que esperar que les llegue
la misericordia sin causa del devoto del Señor. Por
consiguiente, uno debe cultivar conciencia de Krsna con fe y
conocimiento, y, de esa manera, lograr la perfección.